Diario de un colono a la umbría de un verode II.

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Este fin de semana, de cuclillas sobre el techo de mi casa, acompañando al verol en su exilio, entablé conversación conmigo mismo, dialogo que, a menudo, me trae conflictos, en esta ocasión no fue así. Sin casi desearlo, logré acordar conmigo mismo.

Entre tejas, recordé expresiones reiteradas por distintos personajes del político abanico de la desvergüenza. Recuerdan seguro, las reiteradas ocasiones en las que hemos escuchado lo de ”trato colonial”, expresión similar a “región ultraperiférica”, ambas señalan el status colonial de Canarias y, sin embargo, disfrazan esa realidad, con ese matiz hipócrita que pretende la semejanza en las formas y no en el contenido, negando, por supuesto, nuestra agria y penosa existencia colonial.

Será por ello que no me sorprende el atrevimiento recatado de Pablo Iglesias, en estos días de mercadeo electoral, afirmaba, cual iluminado, que deseaba que Canarias dejara de ser un ejemplo de colonialidad para convertirse en referente en renovables. Original es la formulación, por lo absurdo del axioma. Como los demás, los de la casta, se aproxima al concepto y huye de él, con la mala conciencia del colonizador.

Sin embargo la naturaleza del partido que dirige responde perfectamente a esta estrategia. Se trata de un tipo de partido que Kirchheimer denomina catch-all party (partido atrápalotodo). Su característica básica es abandonar sus propuestas ideológicas a cambio de la obtención de votos. Diluye su perfil ideológico para extenderse hacia el centro o al espacio en el que se encuentren el mayor grupo de electores. Así cambia su discurso en Canarias intentando ocupar el centrismo nacionalista. Ya lo ha hecho en política exterior: OTAN, Ucrania, Siria,etc.

Por último para responder perfectamente a este perfil de organización, según los descriptores de Kirchkeimer, es necesario un líder carismático. El puzzle está completo.

Bueno Don Pablo, piquémoslo menudo. Resulta que si somos un ejemplo en renovables, dejamos de ser colonia. Ciertamente original. Nunca imaginé que las renovables fuesen el camino de los pueblos para su descolonización. Curioso.

Dicho de otro modo con renovables en Canarias, España abandona las islas y nos configuramos como un Estado ¡Pues mira tú por donde! Tanto siglos, tanto pensar y no habíamos dado con la clave. Tenía que venir un extraño a dictar doctrina.

¡Vale ya! Bien está que un español reconozca el rol de España como país colonizador y el de Canarias como colonia. No requería mucho estudio, pero algo es algo. Pero si acepta esa realidad, sea coherente, salvando las diferencias, como Paul Sartre que apoyó la independencia de Argelia, apóyela, sea consecuente.

Ni que decir tiene que la izquierda europea, en ocasiones, ignoraba, se mostraba huidiza, ambigua o era contraria a la descolonización de los pueblos sometidos por sus países de origen, así que no se debe esperar más del republicanismo español, pero señor Pablo Iglesias trate con respeto a este pueblo y no responda a una avería estructural con una receta de cocina.

Sinceramente me aburren. Si a alguien quedaba alguna duda, nada se nos pierde en estas elecciones que nos ocupe y preocupe. Atrápelo todo, pero en su país: España.

                                                                                                      Chema Hernández

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Diario de un colono a la umbría de un verode

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Recorría el paisaje humano de la isla, ansioso por encontrar un hueco donde el tino se echara la siesta, pero aberruntaba que no sería sencillo, hasta de las palmeras cuelgan candidatos, igual que higos chumbos, auténtica plaga de las Españas, de tal fatalidad que   iguala al mal francés o el español, con certeza español, visto lo visto.

Al final decidí reposar mis ideas en un verol. Recordé unos versos de Saulo Torón: Mi vida que es un mar: Un mar de sentimientos y de serenidad.

La serenidad contravenida. Aunque me evada, hasta estas tejas revueltas me llegan una y otra vez esas expresiones baúles que arrecian estos aciagos días, “agenda canaria”. Suena bien, eh. Quién no tiene una agenda canaria. Del latín agendum, “lo que se debe hacer”, prefieren el plural neutro “cosas que hacer”. Acerca del singular es fácil su resolución: descolonización. Singular y propia de nuestro pueblo el derecho a ser libres y soberanos. Acerca del plural neutro “cosas que hacer”. Respuesta sencilla: desarrollar estrategias plurales que permiten dicha descolonización.

Como bien sabe el lector este proceso electoral engendró una hermosa y apasionada alianza entre NC y PSOE, fruto de ese enlace, las islas parecen encontrarse en confrontación bélica:"para que las Islas contribuyan a derrotar a las dos derechas estatales, el PP y Ciudadanos, y al conservadurismo canario de CC". Dice uno de su dirigente Román Rodríguez. Y a cambio ofrece una agenda canaria que, en ningún caso, se asemeja a lo que se debe hacer.

Si me permiten el símil, es como si a las anchoas del cantábrico le colocamos el logotipo de elaborado en Canarias, qué haberlos los hay.

Ya está bien. Qué agenda, ni agenda. Otra vez la misma cantinela de CC y de los visitantes líderes de partidos españoles. Este pueblo es adulto para organizarse y conducir su futuro. No nos incluyan en ninguna agenda. No nos salven, resuelvan sus contradicciones y hagan su agenda. Por ejemplo, día 21 de diciembre. Reflexionar acerca de cómo una fuerza que se autodenomina nacionalista se deja acompañar por una fuerza política española de derechas, que expresa y ha expresado combatir en el pasado. Día 22 de diciembre. Valoración de los nefastos resultados

 

Chema Hernández

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EN LA COLONIA. ENVOTADOS.

En estos días templados que soliviantan el invierno, ensimismados por este este verano navideño, asistimos por segunda vez este año a un proceso electoral, uno más, que añade tedio y magua a la vida en la colonia. Un ruido ensordecedor usurpa el silencio. A semejanza del black Friday, en este caso, black sunday, ofertas y contraofertas invaden medios de comunicación, buzones, la red, y algunas pocas conversaciones. Embotados de desinformación, los cuantiosos medios españoles hacen al ciudadano isleño, importante por un día. Casi nada, participar en los destinos del quebradizo estado.

De repente, lo de allá del mar descubren que la colonia vota y sus medianeros se juramentan con la patria española: una, dividida y algunos de sus territorios presos de otros.

El natural ni se inmuta, con sutil desdén, simula interés, cambia de canal y desconecta de los noticiarios de las Españas. Quién no sabe por estas barranqueras que en los madriles se habla alemán. Tremendo stress por administrar las políticas de la troika. Todos saben que podrán presidir pero no gobernar.

Aquí, en la colonia, las incertidumbres y las inquietudes de los españoles se perciben distantes, lejanas, por más que algunos, los menos, arrecien con los moralizantes discursos de la participación, la memoria colectiva no ignora que, tras siglos de dominio, todo cambia y no cambia en España, mientras en la colonia, lo fundamental permanece intacto, impertinentemente tenaz. Colonialismo pegajoso que se adhiere a nuestros cuerpos y conciencias, sudor de mazmorra que nos delata.

En la colonia no endulza elegir al director de la prisión, a pesar de que algunos prefieran las bridas a las cadenas, de todo hay, incluso los que las eligen por colorines, así son felices con las cadenas naranjas, rojas, azuladas o fucsia. No es que nos ocupe a los que habitamos las islas, bueno quizás a algún singuango le apetezca que haga juego con su camisa de fuerza ideológica o babea por retozar en las afueras del poder. No deja de ser parte del look armonioso de algún desheredado con apetencias de ser aceptado.

El isleño observa, escucha y se detiene en aquellos detalles pintorescos de toda campaña, se harta de observar como desembarcan, cual gran capitán. Unos y otros instalan sus avanzadillas en playas mediáticas, vergeles del extranjero. Nos explican, tal maestro insolente, como debemos organizarnos, que es mejor para las islas y, cual turista, ensalzan la belleza de nuestro medio natural y se desgañitan en aseverar una y otra vez que somos España.

Esta es una particularidad aquí en las colonias, la reafirmación nacional española. Izquierdas y derechas, monárquicos y republicanos, con la causa de la colonización. Qué empeños ponen hasta los mal gestados nacionalistas para que se sepa que ellos, de siempre españoles, de toda la vida. Cómo se engalanan y acicalan para recibir la mano amable del generoso amo. Por los sures los llamaban perros del conde.

Cosas de las colonias, no me imagino al de Almería insistiendo en su españolidad, algo deben intuir o saber esos galardonados de toletes náuticos ilustrados, algo así como que de allí no somos.

Mientras el isleño apura las horas de Sol, habla de lo importante en estas fechas: la familia, el trabajo, mejor la ausencia de él, los amores y desamores, las próximas fiestas. Al tiempo que disfruta de sus riscos y de sus playas, para qué detenerse en asuntos de afuera. Saborea su minutero, lo relame y se debate sobre el difícil futuro de su equipo de fútbol. Lejano a las luchas políticas en la metrópoli, es sabedor de que nada que ocurra allá cambiara para mejor en ultramar, nunca sucedió. Se sortea en la esperanza de agotarlos por omisión. Convencido que algún día descubrirán que esto no es para ellos ni de ellos, para los de ese estado español en demolición.

Nunca faltó tiempo en las islas, siempre nuestro tiempo fue otro tiempo, lento y parsimonioso como el drago certero. Las moralinas del “debes votar”, suenan a: Te colonizo ya que te quiero.

Los mandados isleños esputan sus discursos, bien aprendidos de sus padrinos del continente europeo. El isleño no se aclara, sigla va, sigla viene, pero el verbo, el mismo. Algunos murmuran como fulanito cohabita con menganito, con lo buen chico que parecía. Oye, esos dos se arrimaron con lo mal que se llevaban. Matrimonios de conveniencias, rápidos y sin amor. Y ahí los ves, del nacionalismo al federalismo español, de contrarios a complementarios, de iguales a los de la gaviota a águilas liberadoras, juntos pero no suman, se restan.

De vez, en vez, se azoran, alguna regionalista de postín, a ritmo de paso doble, sí ese paso doble para turistas, que me niego a repetir, el de que viva.., mohoso y provinciano, harta de sí mismo, pronuncia la frase mágica, el conjuro milagroso: la voz de Canarias, un hilito de voz imperceptible, que ruega atención y cariño, prometiendo lealtad. Alguna frase deja para la posteridad “No se comprende España sin Canarias”. Qué natural inteligencia, yo añadiría ni Borneos, debe ser, quizás me equivoque, que desea representar a Murcia por Tenerife, no lo sé, la magia hace milagros. Esta vez el conejo nos riscó la perra.

Pero nuestro compatriota mira de lado, oye sin escuchar y percibe un tremendo ruido de contradicciones. Bajo el epígrafe de nacionalistas, no paran de jurar bandera española. Hasta los encarnados sorprenden, se unen, se dividen, se multiplican y no sabes de quién sos tú, eso sí españoles hasta el tuétano, eso que no falte, papas bravas que no arrugadas. Todo es curioso en estas islas menos el buen tiempo. Por cierto, al final si le digo le engaño. Esos chicos proponen salir de la OTAN o no, es que, de verdad, estos españoles no se saben si suben o bajan.

La verdad, el isleño no sale de su asombro, vaya por donde desconoce hasta quien se presenta por aquí, es que no le suena. Bueno,,,   uno sí, cuánto teme el canario que le nombren un ministro de país. Año de ministro, años de hambre.

Entre tanto, con la voz entrecortada hay algunos compañeros extraviados que aumentan la confusión, piden con pasión de amantes votar, no indican a qué, debe ser un acertijo sin solución, usted a buscar un amarillo negro y después vote, demasiado complejo. Pero ahí están, dale que te pego, participando en una campaña con atribuciones de junta electoral, Participa, que es tu deber, si no votas, ganan los otros, nunca argumentos tan recios impresionaron tanto al contrincante. Asustados tienen a la metrópoli que no cesa de pensar en ellos. Y a todo esto, los otros son los unos.

El isleño no altera su existencia, ya sabe que estos feriantes no tornarán su devenir próximo, estar colonizados y bien colonizados. Estos días no son más que unas elecciones en un país lejano. Mientras tanto, pronto se despedirán y marcharán a la capital del reino, el isleño ya solo sabrá de ellos dentro de cuatro años, o sumidos en la fatalidad de las circunstancias por sus actos y un ministerio, no de santidad.

Y yo que pienso que estas son las últimas elecciones que organizan extranjeros en estas islas. De esto y que nuestra gente una vez más tendrá mejores cosas que hacer ese domingo, estoy convencido.  Mientras embotados, muy embotados nos tienen con la demencia electoral que trastorna el sentido común, en esta especialísima carta multicolor a los Reyes de Oriente, desestimada por los de Occidente . Embotados pero no embobados, hastiados, muy hastiados. Feliz cotidiano domingo isleño.

Chema Hernández

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Cabras asesinadas por el Cabildo de Gran Canaria

La historia apoyada por la arqueología demuestra que los primeros pobladores de las Islas Canarias trajeron consigo, -entre otros animales-, cabras y cochinos, la lógica estriba en que no son animales grandes y ocupan poco espacio para llevarlos en navíos. Además, se reproducen bastante bien, las cabras aportan leche y con ésta se puede hacer queso, con lo cual, desde los inicios del poblamiento de Canarias las cabras han estado con nosotros y han sido fundamentales y de primer orden en la dieta alimenticia.

Por suerte para ellas, en esa época no existía el Cabildo, ni la Consejería de Medio Ambiente, ni los negocios de subvenciones de Europa hacia Canarias. ¡Todo por dinero!, no se crean que por un repoblamiento de especies autóctonas, los medianeros pedigüeños iban a ondear la bandera ecologista. Primero, porque la vida animal prevalece para un ecologista y segundo, porque cuando tanto interés se pone en la ejecución, es a causa de que lo económico está detrás y prevalece para ellos. Y es que la cultura política en esta tierra se basa en un modelo económico de subvención y lloriqueos hacia Europa, modelo que le ha ido muy bien a estos medianeros, pero no al resto del pueblo.

El Cabildo, además, ha sido capaz de contratar mercenarios españoles “especializados”, para que estos asesinos se diviertan jugando al tiro al blanco, -en este caso tiro a la cabra-, y digo bien, ¡asesinos!, ya que matar por dinero, dejando abatidos a los animales sin recuperarlos, es un asesinato sistemático y en este caso, además lucrativo.

Y tan asesino es el que manda matar, como el mercenario que lo ejecuta con premeditación. El Cabildo ha demostrado en su orden de aniquilamiento de centenares de cabras, que no tiene el mínimo respeto a la vida, es vergonzoso que tenga en sus manos la responsabilidad de Medio Ambiente, este organismo al que representa y que le queda grande, ya que no llega ni a medio, por no decir, ni a un cuarto ambiente siquiera, al acometer tal acción despreciable y deplorable. Una cosa es matar para comer y otra cosa es intentar hacernos creer que las hierbas que comen las cabras es motivo para exterminarlas, desde los inicios de arribadas para poblar las Canarias, las cabras no han eliminado la flora autóctona, sino que la han fortalecido…

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La gran mentira de Carrillo

“hay que estar en las instituciones para cambiarlas desde dentro....”

carrilloadolfosuarez

Rukaden Ait Anaga

Cuando Carrillo se dejó coger por la policía franquista, obviamente algo pactado con Adolfo Suárez, creyó que no sería sino presentarse y ser elegido el nuevo “Presidente de la República”, pues no olvidemos que, en 40 años de dictadura militar, solo el PCE constituyó la única oposición espanola que tuvo el Régimen salido de la Guerra Civil. Carrillo apostó todo a esa realidad y esperaba recoger los frutos de esa oposición, muchas veces sangrienta. Creía haber llegado su hora de gobernar, pero para ello tenía dar un paso fundamental, aparentemente normal pero que no lo era tanto...

Para presentarse a las primeras elecciones, se debía cumplimentar un requisito fundamental: Aceptar el ordenamiento jurídico que había en aquellos momentos; ¿Normal no? ¡Pues no! En primer lugar, tanto Adolfo Suárez, la Monarquía como el ordenamiento jurídico de entonces, eran ilegítimos, puesto que habían salido de un golpe de estado seguido de una Guerra Civil y 40 años de dictadura militar, perpetrados contra un Gobierno legítimamente elegido. Cualquier estudiante de Derecho Administrativo sabe que todo lo que pueda salir, decidirse o hacerse a partir de un acto manifiestamente ilegal, es nulo de pleno derecho. Por tanto, un régimen que pretendía perpetuarse tras la muerte del dictador, no tenía legitimidad ninguna. Que el único partido opositor en 40 años, se apercibiera a participar en aquellas carnestolendas, le dio al régimen la legitimidad de la que carecía.

carrilloagasajadoY Carrillo lo sabía, pero la oportunidad que se le presentaba de gobernar era lo suficientemente apetecible para que eligiera el atajo y no el camino que la lógica le decía: Seguir en la  clandestinidad y desautorizar a quienes se autoerigieron en autoridades. El régimen agonizaba y el país era necesario para la estrategia norteamericana, por lo que si Carrillo hubiera resistido, no hubiera pasado mucho tiempo sin que “la embajada” en los madriles hubiera escenificado una ruptura a la portuguesa o algo parecido.

Pero también sabía todo esto el PCE, por lo que fue necesario crear una “doctrina nueva” que justificara el paso a dar; Fue la puesta de largo del “eurocomunismo de Carrillo”, y su “...hay que acceder a las Instituciones para cambiar el Sistema desde dentro...” Naturalmente era mentira; La llamada transición fue planeada y llevada a cabo para que cambiara todo sin cambiar nada, para perpetuar el Régimen del 36, maquillado convenientemente de democracia. Suena bonito lo de cambiar las estructuras e instituciones desde dentro..., ¿Verdad? A ello se aplicó toda la izquierda en todos sitios, partidos diversos de izquierda, sindicatos, etc., pero es del todo imposible e innecesario.

Imposible porque todo está diseñado para que solo puedan gobernar algunos, los mismos, mientras que los demás, debido al sistema electoral, difícilmente pueden llegar a las Instituciones; Pero aún si llegaran, para cambiar las cosas, se necesita entrar con mayoría. Se necesita una mayoría para poder legislar, es decir, Promulgar Leyes; Leyes que sustituirán a las precedentes y que existan hasta ese momento en que se promulguen las nuevas, porque, con las actuales, diseñadas para que las cosas sigan igual, no se podría cambiar nada ¿Me siguen? No basta llegar, hay que hacerlo con mayoría si se quiere hacer algo más que desgañitarse y patalear. Innecesario porque, si se llega a las Instituciones con mayoría no hace falta cambiar nada desde dentro, se hace a golpe de BOE y punto.

Por lo tanto, como es imposible que las fuerzas que de verdad son un peligro para el régimen del 36/ 78 lleguen a las Instituciones de esta forma, esa frase tan bonita es una falacia, un espejismo, una utopía irrealizable, como se ha demostrado a lo largo de tres décadas.  Se ha estado en las Instituciones, siempre en minoría, y ¿Ha servido para cambiar algo...? Nada, solo para perpetuar el régimen y diluir la oposición ciudadana, pues participar significa aceptar sus reglas, sus formas para dejar las propias y diluirse en una maraña de burocracia inútil que va separando de sus bases a los dirigentes y cuadros, perdiendo el contacto con la realidad cotidiana. Por lo tanto, las Instituciones franquistas y colonialistas no se pueden cambiar desde dentro.

A mí me costó entender la falsedad que tantas veces había oído y que me habían contado incluso aquí, en Canarias, y asumirlo más, pues se unía a ello las reticencias a reconocer el haberme equivocado durante tanto tiempo, algo por lo demás bastante humano, pero que no me quedó más remedio; Espero que a partir de mañana, algunas gentes empiecen a considerarlo seriamente. Y no me queda más remedio que manifestar mi asombro al enterarme que “ese discurso carrillista” encaminado a terminar ingresando en la “casa de leocinio común de la izquierda espanola” no había muerto, sino que está vivo todavía y por lo que se ve, todavía capaz de movilizar voluntades... Vivir para ver...

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